El
pastorcito mentiroso
-¡El lobo! ¡El lobo! ¡Corran, pronto!
La excitada voz llegaba de to alto
de la colina, donde se apacentaban
cada día los corderos del pueblo.
Los campesinos, que trabajaban en los campos, al oír
la llamada levantaron la cabeza y puestas las manos
en el mango de las layas, miraron en torno.
-¡Socorro, el lobo! -gritó
de nuevo la voz.
No había duda: el pastorcillo que cuidaba de
las ovejas allá arriba, cerca de los bosques,
estaba en peligro.
-¡Pronto! -dijo el campesino
más viejo-, corramos a ayudar al chico. Si
es un lobo tenemos que matarlo.
-¡Tomemos las horcas !
Y todos corrieron hacia el monte.
Las ovejas eran la única riqueza del pueblo
y sería un verdadero desastre que el lobo las
despedazara. Llegaron sin aliento y rodearon el bosque
para evitar que huyese la fiera.
-¿Donde está el lobo?
-preguntaron al pastorclllo.
Pero éste, muy divertido, contestó:
-¡Ja, ja! ¡Los he engañado!
Era una broma y han caído !Ja, ja! Aquí
no hay ningún lobo.
Ustedes podrán imaginar cuánto
se enfurecieron los campesinos; pero se limitaron
a regañar al chiquillo. Al día siguiente,
mientras trabajaban, oyeron gritar:
-¡Socorro, el lobo! ¡
Socorro!
Era otra vez el pastorcillo. ; ¿Sería
posible que se burlara de nuevo de ellos?
-¿Será verdad? -preguntó
uno de los campesinos.
-No -dijo otro-. Quiere hacernos correr
otra vez para nada.
-Es posible. Pero, ¿y si fuese
de verdad el lobo ? Y los campesinos echaron a correr
de nuevo en ayuda del pastorcillo; pero al llegar
al monte vieron que se estaba riendo a carcajadas
burlándose otra vez de ellos.
Regresaron al valle más enfurecidos
que nunca. Pero el pastorcillo, mientras se reía
divertido, vio aparecer de pronto entre los matorrales
el amenazador hocico de un lobo.
Esta vez era un lobo de verdad. El
chiquillo se puso a temblar de miedo.
-¡Socorro! -grito asustadísimo-.
¡Socorro, el lobo!
Los campesinos lo oyeron, pero no
hicieron caso y no se movieron siquiera. "El
chico tiene todavía ganas de bromear",
pensaron.
Así fue como el lobo hizo una
carnicería entre las ovejas, mientras el pastorcillo
embustero huía aterrorizado.
FIN
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